
La decisión sobre migrar del 5G al 6G se aplaza a diciembre: por ahora, el horizonte sigue en 2030
- La mayoría apoya compartir frecuencias entre 5G y 6G
- Tres alternativas siguen abiertas para que convivan al inicio
El 6G empieza a tener un horizonte cada vez más definido. La industria de las telecomunicaciones sitúa su llegada comercial en torno a 2030. Sin embargo, cuando todavía quedan varios años para dar el salto a la próxima generación de redes móviles, fabricantes y operadores siguen sin ponerse de acuerdo sobre una cuestión fundamental: cómo pasar del 5G al 6G.
El debate no es menor. De la decisión dependerá hasta qué punto las compañías podrán aprovechar las redes que ya tienen desplegadas y qué complejidad supondrá incorporar la nueva tecnología. El último encuentro de 3GPP en Madrid terminó sin un acuerdo y la decisión se traslada a la plenaria de RAN (TSG RAN#114) que se celebrará en Boston del 7 al 10 de diciembre.
Esto no significa que el 6G vaya a retrasarse. El horizonte de 2030 sigue sobre la mesa, pero la industria tendrá que resolver antes cómo hacer convivir dos generaciones de redes que compartirán protagonismo durante los primeros años.
El camino hacia el 6G se decidirá en diciembre
La reunión de Madrid, celebrada la semana del 14 de septiembre, debía servir para avanzar en las
Una de las principales dificultades está en
El debate sigue abierto entre reuniones. Por su parte, el grupo RAN3 sí ha acordado que la arquitectura de acceso del 6G deba partir de la división de funciones utilizada en el 5G, aunque todavía no se ha resuelto cómo deberán funcionar ambas generaciones durante su convivencia.
La solución que gana apoyos para que el 5G y el 6G compartan frecuencias
Uno de los objetivos de la transición es evitar que la llegada del 6G obligue a los operadores a disponer de grandes cantidades de espectro nuevo desde el primer momento. Para conseguirlo, la solución que reúne más apoyos es el Multi-RAT Spectrum Sharing (MRSS), que permite compartir determinadas bandas de frecuencias entre el 5G y el 6G.
La idea es introducir la nueva generación de manera progresiva, aprovechando parte de los recursos que ya utilizan las redes actuales. No obstante, el MRSS resuelve una cuestión relacionada con el espectro, pero no determina por sí solo la arquitectura que deberá utilizarse para la migración.
La alianza internacional de operadores NGMN defiende esta tecnología como punto de partida. En el documento que difundió el 2 de junio de 2026, también advierte de que deberá ofrecer un rendimiento mejor que el del DSS, el sistema que permitió compartir frecuencias entre el 4G y el 5G.
Según Cinco Días, que cita fuentes del sector, las simulaciones analizadas en Madrid apuntan a que la pérdida de eficiencia por compartir frecuencias podría ser limitada en determinadas configuraciones. El informe oficial de RAN1 solo recoge una evaluación preliminar y la industria considera necesario seguir estudiándolo antes de adoptar una decisión definitiva.
“Compartir frecuencias permite introducir una nueva generación sin empezar desde cero, pero también obliga a repartir unos recursos que son limitados. Lo importante será comprobar que la convivencia entre 5G y 6G no termina perjudicando el rendimiento de las conexiones actuales”, explica Ana de la Torre, experta de Roams en telecomunicaciones.
Tres caminos posibles para dar el salto al 6G
Compartir frecuencias es solo una parte del problema. La otra gran decisión consiste en establecer qué tecnología tendrá el protagonismo durante la transición y cómo se conectarán las redes de ambas generaciones.
Actualmente siguen abiertas tres alternativas:
- Dar el protagonismo al 6G: la nueva generación asumiría progresivamente el papel principal, manteniendo conexiones con las redes 5G. Es la opción que más apoyos reúne.
- Mantener el 5G como base: los operadores continuarían apoyándose durante más tiempo en la tecnología actual mientras incorporan las nuevas capacidades del 6G.
- Utilizar dos sistemas separados: ambas generaciones conservarían sus propios mecanismos durante la convivencia, mediante una arquitectura conocida como “dual stack”.
La discusión enfrenta dos formas de entender el despliegue. Hay fabricantes y operadores que prefieren disponer de varias alternativas para adaptar la transición a las características de sus redes. Otros consideran que multiplicar las opciones puede complicar la implantación y elevar sus costes.
Los principales fabricantes también están divididos sobre la arquitectura del núcleo de la red.
NGMN también reclama que cualquier solución distinta al MRSS demuestre ventajas suficientes como para compensar la complejidad adicional que pueda introducir.
La industria quiere evitar los problemas que dejó la llegada del 5G
El sector ya conoce las dificultades de cambiar de generación. Durante el despliegue del 5G convivieron distintas arquitecturas: el 5G NSA, que seguía apoyándose en la infraestructura del 4G, y el 5G SA, que funciona de forma independiente. Esa transición obligó posteriormente a adaptar las redes.
Una transición más sencilla permitiría contener las inversiones, mientras que una arquitectura más compleja podría elevar los costes y dificultar el despliegue.
Ahora, con el 6G en el horizonte, los operadores quieren evitar que se repita una situación similar. Por eso resulta tan importante definir cuánto podrán reutilizar de lo que ya han instalado, desde las frecuencias hasta parte de los equipos y la infraestructura.
“Resulta llamativo que ya se esté discutiendo cómo sustituir al 5G cuando todavía quedan muchas de sus capacidades por desplegar. Para los operadores, el reto será seguir mejorando las redes actuales sin realizar inversiones que puedan quedarse anticuadas con la llegada del 6G”, señala Ana de la Torre, experta de Roams en telecomunicaciones.
NGMN advierte precisamente del riesgo de repetir los problemas de la migración del 5G NSA al SA si no se aclaran las dudas sobre el rendimiento del MRSS. Además, considera que los primeros despliegues del 6G no deberían ofrecer peores resultados que el 5G-Advanced en aspectos como velocidad, latencia, costes o complejidad operativa.
2030 sigue siendo el horizonte para la llegada comercial del 6G
Aunque las decisiones técnicas todavía no están cerradas, el desarrollo del 6G cuenta con un calendario de trabajo. 3GPP prepara la Release 21, que reunirá buena parte de las especificaciones necesarias para dar forma a la próxima generación móvil.
El organismo fijó el 10 de junio de 2026 un primer hito importante para marzo de 2027: la aprobación del paquete 5G-Advanced/6G, que permitirá pasar de la fase de estudio a la elaboración de especificaciones. A partir de ahí, los trabajos continuarán durante los siguientes años.
| Hito de la Release 21 | Fecha |
|---|---|
| Aprobación del paquete 5G-Advanced/6G y congelación de la fase 1 | Marzo de 2027 |
| Congelación de la fase 2 | Junio de 2028 |
| Congelación de la fase 3 | Diciembre de 2028 |
| Congelación de ASN.1 y OpenAPI | Marzo de 2029 |
La última fecha prevista en este calendario es marzo de 2029, aunque eso no significa que las redes comerciales de 6G vayan a estar disponibles entonces. La industria mantiene 2030 como referencia para su llegada al mercado, sin que exista todavía una fecha de lanzamiento cerrada.
Por tanto, el aplazamiento de la decisión sobre la migración hasta diciembre no implica automáticamente un retraso. Lo que sí deja claro es que todavía quedan cuestiones importantes por resolver antes de convertir el 6G en una realidad comercial.
La industria busca evitar que el 6G repita parte de la complejidad que acompañó al nacimiento del 5G y que operadores, fabricantes y proveedores tecnológicos dispongan de un estándar suficientemente claro antes de acometer las grandes inversiones.
El 6G traerá más velocidad, inteligencia artificial y cobertura por satélite
Mientras se discute cómo desplegarlo, la próxima generación de redes móviles ya tiene definidos sus grandes objetivos. El 6G no busca únicamente aumentar la velocidad de conexión, sino ampliar lo que una red móvil puede hacer.
La Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), en su marco IMT-2030 aprobado en 2023, contempla velocidades pico de 50, 100 y hasta 200 gigabits por segundo, dependiendo del escenario. También establece como objetivos de investigación una latencia de entre 0,1 y 1 milisegundo y una capacidad de entre uno y cien millones de dispositivos conectados por kilómetro cuadrado.
“Una velocidad de conexión espectacular puede servir para demostrar el potencial del 6G, pero no garantiza que mejore nuestra experiencia diaria. Para la mayoría de usuarios será mucho más importante tener buena cobertura, una conexión estable y servicios que realmente aprovechen esa capacidad adicional”, apunta Ana de la Torre, experta de Roams en telecomunicaciones.
Entre las aplicaciones que podrían beneficiarse figuran la realidad virtual y aumentada, los vehículos autónomos, la robótica y las aplicaciones industriales.
Otra de las grandes diferencias estará en la inteligencia artificial. En lugar de limitarse a transportar datos, las redes podrán incorporar esta tecnología en su propio funcionamiento y distribuir tareas de procesamiento entre dispositivos, antenas y centros de datos.
Las antenas también podrán utilizar las señales de comunicación para detectar movimientos, objetos o posiciones. Esta capacidad abre posibilidades en ámbitos como la industria, la logística y la conducción autónoma.
El otro gran objetivo es acercar las redes móviles terrestres a las
Son algunas de las capacidades que la industria quiere llevar a las redes comerciales a partir del horizonte de 2030. Antes tendrá que resolver una cuestión menos visible para el usuario, pero decisiva para su despliegue: cómo introducir el 6G sin desaprovechar las inversiones realizadas en el 5G y sin repetir los problemas de la anterior transición.
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