
La patente de Meta que preocupa: gafas capaces de identificarte y grabarte sin que lo consientas
- Prioriza a personas concretas y difumina al resto de la escena
- Hay locales que vetan la entrada con las Ray-Ban Meta
Meta ha patentado unas gafas capaces de reconocer tu cara y decidir por sí solas si te graban o no. Este escenario plantea serias dudas sobre la seguridad e intimidad de cualquier persona que se cruce por la calle con el usuario del dispositivo.
Así queda descrito en la solicitud US 2026/0238876 A1 de la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos. Se trata de un sistema de inteligencia artificial que identifica a las personas que aparecen en el campo de visión de las gafas, analiza qué están haciendo y genera clips de vídeo de forma automática con los momentos que el algoritmo juzga más interesantes.
Cómo funciona el sistema de Meta
Bajo el título “Cámaras inteligentes habilitadas por sistemas de asistente”, el texto legal se hizo público el pasado 13 de agosto de 2026. Aunque Meta Platforms Technologies presentó la solicitud a principios de ese mismo año, el concepto viene gestándose desde 2019 a través de diferentes evoluciones de la patente.
El verdadero problema para nuestra privacidad reside en cómo opera esta tecnología en el día a día. Las imágenes captadas por las lentes fluyen constantemente hacia un asistente virtual que escudriña el entorno. Al hacerlo, el software cruza datos de reconocimiento facial, análisis de expresiones, seguimiento de la mirada y detección de objetos para saber exactamente quién está frente a la cámara y cuál es su comportamiento.
De este modo, la máquina toma el control de la situación sin el consentimiento de los presentes. Un ejemplo ilustra esto con una cena familiar donde el sistema identifica a la esposa del usuario, le otorga mayor prioridad que al resto y centra la grabación en ella mientras difumina a los demás comensales.
La intromisión va un paso más allá en otro de los escenarios planteados. En él, el asistente detecta a dos personas ajenas riéndose y las convierte automáticamente en las protagonistas absolutas del vídeo. Todo esto ocurre mientras las personas grabadas ignoran por completo que una inteligencia artificial está decidiendo si su comportamiento merece ser capturado y almacenado.
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Ajustes de privacidad, pero dudas sin resolver
Ante un nivel de vigilancia tan exhaustivo, el documento legal menciona ciertas salvaguardas. Según la patente, el usuario podría establecer restricciones en el reconocimiento facial y el análisis de expresiones para impedir que terceros puedan localizar a alguien a partir de su rostro.
Además, gran parte del procesamiento de datos se ejecutaría localmente en las propias gafas, abarcando desde el reconocimiento de voz hasta la memoria del asistente. Sin embargo, toda esta infraestructura de protección deja en el aire la pregunta más importante. Al leer la letra pequeña no queda claro si estas medidas buscan proteger realmente la intimidad del individuo que camina por la calle y es grabado sin saberlo o si simplemente sirven para blindar legalmente a la persona que lleva el dispositivo puesto.
El precedente de NameTag y la tecnología de ROC
Esta inquietud ciudadana no surge de la nada, sobre todo si prestamos atención a los últimos movimientos de la compañía. Apenas unas semanas antes, en junio de 2026, una investigación de la revista WIRED destapó la existencia de NameTag. Se trataba de un sistema de reconocimiento facial oculto en la aplicación Meta AI que transformaba los rostros capturados por las gafas en firmas biométricas y las cruzaba con una base de datos interna.
El hallazgo demostró lo expuestos que podemos llegar a estar ante las cámaras de otras personas. Según la investigación, los rostros que el sistema no lograba identificar acababan recortados, indexados y guardados en el propio dispositivo del usuario. Tras el revuelo causado por la publicación de WIRED, Meta se vio obligada a retirar la mayor parte de la tecnología vinculada a este proyecto en apenas veinticuatro horas.
A este historial se suma el hecho de que la tecnológica también había adquirido licencias de la empresa ROC para usar su software de detección de vida y reconocimiento facial. Aunque el sistema contaba con capacidad para gestionar hasta diez millones de plantillas biométricas, esa invasiva función nunca llegó a activarse públicamente.
Meta ya pagó 1.400 millones por datos biométricos
Precisamente este polémico manejo de nuestra identidad física es lo que ha llevado a la empresa a los tribunales en repetidas ocasiones. Un buen ejemplo ocurrió en 2021, cuando Facebook se vio forzada a cerrar su famoso sistema de etiquetado de fotos y tuvo que destruir más de mil millones de plantillas biométricas que había acumulado de sus propios usuarios.
El cerco legal en torno a la privacidad continuó estrechándose en 2024. Ese año, la compañía aceptó pagar una multa de 1.400 millones de dólares al estado de Texas por haber recopilado datos biométricos sin el consentimiento explícito de los ciudadanos. Al no existir una ley federal sólida de privacidad biométrica en Estados Unidos, la defensa de los transeúntes frente a estas grabaciones recae únicamente en legislaciones estatales aisladas como la estricta ley BIPA de Illinois.
Las gafas ya generan polémica sin esta función
Incluso sin activar un sistema inteligente de seguimiento facial, el producto ya supone un quebradero de cabeza para el anonimato en lugares públicos. Los modelos actuales de las Ray-Ban Meta cuentan con un pequeño LED blanco que se ilumina al grabar y que no se puede desactivar por contrato. De hecho, en julio de este año la compañía endureció las medidas de software para impedir que los usuarios taparan o manipularan ese indicador luminoso.
Pese a todos esos esfuerzos corporativos, la realidad en las calles demuestra una clara vulnerabilidad. Las grabaciones ocultas a terceras personas se han convertido en una práctica habitual, hasta el punto de que numerosos comercios y establecimientos se han visto obligados a prohibir la entrada con estas gafas para garantizar que sus clientes no acaben publicados en internet sin haber dado su permiso.
Una patente no es un lanzamiento
Llegados a este punto resulta necesario contextualizar la situación y recordar que un registro legal no implica la inminente comercialización del producto. Que Meta haya protegido la propiedad intelectual de esta idea solo confirma su interés en desarrollar la tecnología, pero no significa que el sistema haya superado las pruebas internas o que vaya a integrarse en las próximas gafas que salgan al mercado.
No obstante, el mero planteamiento de un asistente virtual capaz de decidir de forma autónoma cuándo y a quién grabar subraya la urgencia de debatir cómo protegeremos nuestro derecho a no ser observados en el futuro.
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