Primer plano de pago contactless con tarjeta de crédito azul en datáfono sobre fondo rosa.
Consumo

Pagar con tarjeta podría estar arruinando tu ahorro sin que te des cuenta

  • Los métodos de pago digitales alteran la percepción del gasto
  • El objetivo es recuperar el control con pequeños cambios
Andrea Benito
Andrea Benito
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Pagar con tarjeta o con el móvil se ha vuelto tan automático como respirar. Pasas la tarjeta, suena el “bip”, metes el PIN y sigues con tu día. El problema es que esa facilidad tiene un efecto colateral poco visible: te hace gastar más de lo que crees.

Varios estudios de psicología y economía del comportamiento lo han ido demostrando: cuando pagamos de forma digital (tarjeta de crédito, débito o wallet del móvil), gastamos más que cuando usamos billetes y monedas. Y no es magia: es cómo funciona nuestro cerebro.

A continuación, te explicamos por qué ocurre esto y qué puedes hacer para aprovechar las ventajas de la tarjeta sin que tu presupuesto salte por los aires.

1. Pagar con un billete duele más que pasar la tarjeta

La idea clave es sencilla: comprar nos gusta, pagar no tanto. La economía del comportamiento habla del “dolor de pagar”: esa pequeña incomodidad que sentimos cuando entregamos dinero. Y ese dolor no es igual con todos los métodos de pago:

  • Con efectivo, el dinero es muy tangible: ves el billete, lo entregas, tu cartera se vacía delante de tus ojos.
  • Con tarjeta o móvil, el proceso es casi abstracto: apoyo, “bip” y ya está. No ves salir el dinero, solo oirás hablar de él cuando mires la app del banco... si la miras.

Hombre contando fajo de billetes de euro en efectivo para gestión de ahorro o pagos.

Cuanto menos tangible es el pago, menos lo “sufre” el cerebro. Y cuando algo duele menos, lo hacemos más veces y con menos freno. De ahí que varios estudios encuentren siempre el mismo patrón: con tarjeta, la gente gasta más que con efectivo a igualdad de ingresos.

Por eso también “romper” un billete grande cuesta tanto: a un billete de 50€ le asignamos un valor casi simbólico. Cambiarlo por pequeñas compras nos produce mucha más resistencia que ir tirando de tarjeta para pagar esos mismos 50€ troceados en varios tickets.

2. La trampa de la tarjeta de crédito: gastar hoy, preocuparse luego

Con la tarjeta de débito, el dinero sale de tu cuenta al momento. Aun así, ya reduce parte del dolor de pagar. Pero con la tarjeta de crédito el efecto se multiplica:

  • Consumo ahora, pago después: puedes separar hasta 30–50 días el momento en que disfrutas la compra del momento en que realmente la pagas.
  • Esa separación temporal adormece la sensación de gasto: la mente registra “ya se pagará”, y el presente se siente más ligero de lo que realmente es.
  • Si encima usas el pago aplazado o el mínimo mensual, entras en terreno peligroso: compras comida hoy, pagas intereses meses después... cuando ese supermercado hace tiempo que te lo comiste. El Gobierno ya ha limitado lo abusivo de las tarjetas revolving.

Mujer de compras en tienda física sosteniendo tarjeta de crédito roja y bolsas de colores.

El resultado habitual son un montón de pequeñas compras cotidianas (super, gasolina, restaurantes, caprichos) que parecen inofensivas pero no lo son: un saldo pendiente que crece en silencio, e intereses que, en muchas tarjetas, superan el 20% TAE si aplazas pagos de forma continua. Y todo eso con la sensación subjetiva de no estar gastando tanto.

3. El efecto psicológico del pago digital en el día a día

Además del crédito, hay otros cambios de hábito que han jugado a favor del gasto:

  • La tarjeta ha invadido los pequeños gastos. Antes se usaba para grandes compras (electrodomésticos, viajes…). Ahora sirve para el café, el pan o una botella de agua. Eso hace que el “modo tarjeta” esté siempre encendido… y el control, menos presente.
  • Pagas más, planificas menos. El pago digital hace que casi todo parezca accesible: “si no es mucho, lo pago y ya está”. Eso reduce la planificación y aumenta las compras impulsivas.
  • Falsa sensación de liquidez. Como no ves físicamente cómo baja el dinero, tienes la impresión de que aguantas mejor el mes. El problema llega cuando revisas el extracto y descubres que los pequeños tickets se han convertido en un pico enorme.

Hombre joven comprando online con móvil desde casa rodeado de cajas de paquetería y bolsas.

Entonces, ¿hay que dejar de usar tarjeta?

No se trata de demonizar las tarjetas: bien utilizadas, son herramientas útiles y seguras. El objetivo no es volver al pasado, sino recuperar el control. Algunos consejos para conseguirlo son:

  • Usa efectivo para los gastos del día a día: supermercado, cafés, pequeños caprichos, ocio semanal… son los candidatos ideales para volver al metálico.
  • Decide cuánto quieres gastar a la semana, por ejemplo, 100€, sácalos en efectivo y comprométete a no pasar de ahí. Cuando la cartera se vacíe, el presupuesto se ha terminado.
  • Reserva la tarjeta de crédito para compras grandes y puntuales: electrodomésticos, viajes, una reparación cara… cosas excepcionales, no la compra de todos los días. Y siempre con una regla de oro: pagar el total a fin de mes, evitando el pago mínimo y el aplazado crónico.
  • Haz el pago digital más “doloros”: activa notificaciones en el móvil para cada compra: ver saltar el cargo hace el gasto mucho más real, apunta tus gastos (aunque sea de forma sencilla) en una app o bloc de notas nada más pagar o desactiva el “compra en un clic” en tus tiendas online habituales y oblígate a confirmar siempre: cualquier fricción extra frena impulsos.
  • Prioriza la tarjeta de débito frente a la de crédito. Con la de débito, el impacto es inmediato y te obliga a ajustarte al saldo real. Puedes guardar la de crédito en casa para evitar que sea tu opción por defecto.

Cliente pagando en efectivo con billetes de euro en la caja del supermercado ante el cajero.

Si quieres probar el efecto en tu propia economía sin hacer grandes cambios, puedes empezar eligiendo solo una categoría (por ejemplo, supermercado u ocio) y pagando solo en efectivo durante un mes. También puedes activar las alertas de compras de tu tarjeta o revisar una vez por semana cuánto has gastado con la tarjeta y cuánto en efectivo.

Al final del mes, compáralo con un mes normal. Probablemente descubras dos cosas: que has gastado menos en esa categoría donde volviste al efectivo y que eres mucho más consciente de lo que se te va en pagos con tarjeta y con el móvil. Porque sí, también hay cambios en Bizum en 2026.

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