Vista aérea de un parque eólico en Aragón con aerogeneradores instalados sobre terrenos agrícolas y zonas rurales
Energía renovable

“Guerra al fanatismo climático”: el plan de Vox para las renovables y la nuclear que puede imponer en Aragón

  • Inversores y grandes proyectos entran en un escenario de incertidumbre
  • Amenaza con tensar el equilibrio entre empleo, industria y territorio
Sergio Soto
Sergio Soto
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Tras los resultados del pasado domingo, Vox se ha consolidado como la fuerza determinante para el futuro de Aragón. Un hecho que puede acabar imponiendo un giro radical en las políticas de renovables que afecta a toda España. La formación liderada por Alejandro Nolasco exige frenar en seco los macroproyectos eólicos y fotovoltaicos, sustituyendo este modelo por una apuesta firme por la energía nuclear.

Este cambio de rumbo que puede llegar de la mano de la formación ultra genera una incertidumbre sin precedentes en un sector que veía en la región su principal motor de crecimiento.

Guerra abierta a los macroparques de renovables

El ascenso de la formación de Santiago Abascal pone en la diana proyectos emblemáticos como el Clúster del Maestrazgo o el plan Búfalo de Forestalia, según recopila Expansión. Para Vox, estas instalaciones son fruto del “fanatismo climático” y suponen una amenaza directa para el sector primario y el paisaje rural aragonés. La formación ya ha advertido que no habrá pactos de gobierno sin una revisión profunda de las autorizaciones administrativas vigentes.

Técnico de Forestia realizando tareas de mantenimiento en un aerogenerador de un parque eólico de Aragón.

Esta postura busca revertir lo que denominan como una “expansión descontrolada” que, a su juicio, solo beneficia a los grandes lobbies energéticos. Los inversores temen ahora por la seguridad jurídica de sus activos, ya que muchas de estas infraestructuras ya cuentan con declaraciones de impacto ambiental favorables. La tensión es máxima entre las empresas que ya han comprometido miles de millones de euros en suelo aragonés.

La paralización de estos proyectos no solo afectaría a la generación de energía, sino también a la creación de empleo local vinculado a la construcción y el mantenimiento de los parques.

Además, algunos de estos proyectos están ligados a los data centers de Amazon, Blackstone o Microsoft, e incluso a plantas de hidrógeno, una tecnología que se abre paso en toda España de forma prometedora.

La alternativa: una nueva central nuclear en Aragón

Como contrapartida al desmantelamiento del modelo actual, Vox propone el estudio y construcción de una central nuclear en territorio aragonés. Según su programa, es la única vía para garantizar una energía “soberana, abundante y asequible” que no dependa de factores climáticos. Esta propuesta marca una línea roja en las negociaciones con el Partido Popular, que hasta ahora se había mostrado más moderado.

La intención es alargar la vida útil de las centrales actuales y convertir a Aragón en el epicentro de un renacimiento nuclear en España. Esta estrategia busca atraer industria pesada que requiere un suministro constante y barato, algo que, según Vox, las placas solares y los molinos no pueden asegurar por sí solos. El debate sobre la ubicación de este posible reactor ya ha comenzado a generar divisiones territoriales.

Parque eólico de Monegros y panel informativo sobre el impacto socioeconómico del proyecto en empleo e inversión.

Un escenario de incertidumbre para los inversores

Gigantes como Repsol, Endesa o el fondo danés CIP observan con cautela los movimientos en las Cortes de Aragón. La posibilidad de que Vox gestione carteras como Agricultura o Industria facilitaría la implementación de trabas burocráticas para los nuevos proyectos. Esto podría desplazar la inversión hacia otras comunidades autónomas con marcos regulatorios más estables y favorables a la transición verde.

El resultado electoral del 8F no solo cambia el mapa político, sino que redefine las reglas del juego energético en el valle del Ebro. Mientras el sector clama por estabilidad, el nuevo equilibrio de fuerzas apunta hacia una legislatura de confrontación ideológica sobre el modelo de consumo. El “adiós” a los molinos parece estar hoy más cerca de ser una realidad administrativa que una simple promesa de campaña.

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