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Composición visual partida que muestra un cargador eléctrico conectado a la izquierda y un surtidor de gasolina rojo repostando a la derecha
Finanzas personales

¿Coche eléctrico, gasolina o diésel? Experto revela la diferencia de ahorro real

  • Vivir en una provincia u otra puede disparar el coste de uso del vehículo fósil en más de 300 euros
  • La eficiencia del motor se impone al precio de la energía como el factor determinante para aliviar la economía
Jesús Hoyos
Jesús Hoyos
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Mantener un vehículo en propiedad sigue siendo una de las partidas más importantes en la economía doméstica, pero en 2025 la balanza se inclina definitivamente hacia la electrificación si miramos el bolsillo a largo plazo. Según los últimos datos recabados por Roams para este mes de noviembre, conducir un coche eléctrico en España cuesta menos de la mitad de lo que supone mover uno de diésel o de gasolina.

El informe más reciente elaborado por Roams cifra el gasto medio anual de recarga de un eléctrico en 495,22 euros Si comparamos esta cifra con sus homólogos de combustión, el ahorro es contundente: un usuario de vehículo eléctrico gasta 541 euros menos al año que uno de diésel (cuyo coste anual asciende a 1.036 euros) y 580 euros menos que uno de gasolina (1.075 euros anuales).

Un ahorro del 54% que impulsa el mercado

Estas cifras representan una diferencia porcentual de entre el 53% y el 54% a favor de la movilidad cero emisiones. Este alivio en los costes operativos es uno de los grandes motores que explican por qué España se ha situado a la cabeza del coche eléctrico en Europa, con un repunte en las matriculaciones que refleja cómo los conductores priorizan cada vez más la eficiencia del consumo frente a la inversión inicial.

Gráfico de puntos que compara el gasto medio anual de gasolina, gasoil y vehículo eléctrico desglosado por capitales de provincia en España
Fuente: Freepik

El cálculo toma como referencia un conductor medio que recorre 11.204 kilómetros anuales, basándose en un precio medio de recarga doméstica de 0,260 €/kWh. Según explica Sergio Soto, experto en energía de Roams, la razón no es solo el precio de la energía, sino la tecnología: “La tecnología eléctrica es intrínsecamente más eficiente: mientras que un motor de combustión apenas convierte en movimiento alrededor del 30% de la energía que utiliza, un motor eléctrico supera con creces el 80%”.

Si echamos la vista atrás, la evolución de los precios en este 2025 revela una tendencia interesante. Al cotejar estos datos con el informe que Roams publicó el pasado mes de abril, se observa un ligero estrechamiento en el margen de beneficio: hace siete meses, el ahorro anual frente al diésel alcanzaba los 682 euros, frente los 541 euros actuales. Esta corrección no se debe tanto a una variación en los combustibles fósiles, sino a un incremento en el coste medio de la recarga eléctrica, que ha pasado de los 385 euros estimados en primavera a los 495,22 euros de este cierre de año. No obstante, pese a este repunte energético, la electricidad sigue costando menos de la mitad que el gasóleo.

Dime dónde vives y te diré cuánto pagas

Uno de los puntos más llamativos del análisis es la desigualdad territorial. Mientras que el coste de recargar un eléctrico se mantiene estable independientemente de la provincia, llenar el depósito de combustible fósil es una lotería geográfica que puede salir muy cara.

La brecha entre la provincia más barata y la más cara supera los 300 euros anuales. Los datos son claros:

  • Gasolina: los conductores de Mallorca son los más castigados, pagando una media de 1.155 euros al año. En el extremo opuesto, en Santa Cruz de Tenerife, el coste baja hasta los 817 euros.
  • Diésel: Bilbao registra los precios más elevados (1.123 euros/año), mientras que Melilla se posiciona como la opción más económica con 798 euros anuales.

Hombre enchufando la manguera de carga en la toma de un coche eléctrico negro aparcado en la calle
Fuente: Freepik

Esta variabilidad de precios en los hidrocarburos refuerza la necesidad de un marco regulatorio estable. De hecho, las claves de la nueva Ley de Movilidad Sostenible buscan precisamente incentivar el transporte limpio y reducir la dependencia de estos combustibles fósiles cuyos precios fluctúan drásticamente según la región.

La asignatura pendiente: autonomía vs. bolsillo

A pesar de que las cuentas salen a favor del eléctrico, el sector reconoce que todavía existen barreras. Soto señala que el vehículo eléctrico “todavía tiene un debe muy grande en su autonomía”, lo que obliga a una planificación exhaustiva en viajes largos.

Sin embargo, la conclusión para 2025 es clara: “En un contexto de inflación y aumento generalizado del coste de vida, el vehículo eléctrico representa tanto una alternativa sostenible como un alivio económico para los conductores”. Para quienes hacen un uso intensivo del coche, el ahorro en combustible y mantenimiento -al tener menos piezas de desgaste- termina compensando la inversión del cargador doméstico y el precio del vehículo.

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