
Las cámaras ya no asustan a los ladrones: un dispositivo de 20 euros es suficiente para dejarlas KO
- Los fallos técnicos y de diseño juegan a favor de los delincuentes
- WiFi, electricidad y mala instalación son los puntos débiles
Crees que tu casa está protegida porque tienes cámaras de vigilancia. Pero cada vez más robos demuestran lo contrario: para muchos ladrones, estas cámaras ya no son un obstáculo real, sino un sistema fácil de anular en cuestión de segundos.
El problema no es que las cámaras hayan dejado de funcionar, sino que los delincuentes han aprendido a explotar sus puntos débiles. Y lo hacen con métodos sencillos, baratos y cada vez más habituales, especialmente en sistemas domésticos conectados a internet.
Por qué las cámaras ya no intimidan como antes
Durante años, el simple hecho de ver una cámara bastaba para disuadir robos. Hoy, esa ventaja se ha diluido. Muchos sistemas dependen por completo del WiFi, la electricidad o un único dispositivo de grabación, y ahí es donde los ladrones actúan.
En lugar de evitar ser grabados, el objetivo es otro: impedir que la cámara grabe. Si no hay imágenes, no hay pruebas. Y sin pruebas, denunciar o reclamar al seguro se vuelve mucho más complicado.
El punto débil más común: la conexión
La mayoría de cámaras domésticas funcionan a través de internet. Esto significa que, si se interrumpe la conexión, la cámara deja de transmitir o grabar en la nube.
Existen dispositivos capaces de bloquear señales inalámbricas durante unos segundos o minutos, llamados inhibidores. No son sofisticados ni exclusivos del mercado negro, apenas cuestan 20 euros y en muchos casos bastan para que la imagen se pixele o desaparezca sin que el propietario lo note en ese momento.
El resultado es una falsa sensación de seguridad: la cámara está ahí, pero no está cumpliendo su función cuando más se necesita.
Por eso, marcas como
No solo es el WiFi: otros fallos habituales
Además de la conexión, hay otros puntos débiles frecuentes en viviendas y pequeños negocios. Y lo peor es que, en muchos casos, el propietario no descubre el fallo hasta horas después, cuando ya es demasiado tarde:
- Cortes de luz que apagan todo el sistema si no hay batería de respaldo.
- Grabadores visibles o accesibles que pueden desconectarse o llevarse.
- Cámaras mal ubicadas, fáciles de cubrir o manipular.
- Falta de avisos cuando una cámara deja de funcionar.
Más riesgo en épocas de mucho movimiento
En periodos como Navidad, rebajas o vacaciones, el riesgo se multiplica. Hay más entregas, más ruido, más entradas y salidas... y también más robos que pasan desapercibidos.
Los ladrones saben que en esos momentos es más difícil detectar algo extraño y que un fallo puntual en una cámara puede pasar inadvertido durante horas.
Qué tener en cuenta para no confiarse
Tener cámaras sigue siendo útil, y además puedes
Contar con grabación en la nube y en local, avisos automáticos si una cámara se desconecta, baterías de respaldo y una instalación que no sea evidente marca la diferencia entre una seguridad real y una meramente estética.
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