Tenía la intención de enfocar la entrada de hoy en actividades que se podían hacer sin smartphone, dejando el móvil apagado en casa y yendo al cine, teatro, un paseo al aire libre…cosas relativamente fáciles donde no deberías estar pendiente del teléfono, pero luego pensé… ¡vamos a complicarlo! y lo vamos a hacer nuestro día a día, ¿sabrías vivir sin tu móvil?

Me gustaría que algún día lo probáseis, yo lo hice, pero para que no fuese una auténtica tragedia, empecé por la tarde del viernes que en general suele ser más relajada por esas benditas jornadas intensivas de viernes. Y más o menos fue así…

Empezamos saliendo del trabajo, te subes al coche para llegar a casa a comer, vas a enchufar el smartphone para escuchar la música que tienes almacenada pero ¡no! no puedes, así que enciendes la radio. Bueno, no está mal… te estás poniendo al día de lo que “se lleva ahora” o si ya tienes suficiente dolor de cabeza, te pones las noticias.
Atasco… era de esperar, viernes 3 de la tarde… quieres llamar a tu pareja, madre o hijos (si alguien te espera a comer) pero no puedes, no tienes smartphone para usar en manos libres (lo damos por supuesto). Quieres usar tu app de waze para buscar una alternativa al atasco, pero tampoco puedes. Tendrás que fiarte de tu instinto y probar suerte.

Por fin llegas a casa, evidentemente comes solo porque nadie te ha esperado ¿Por qué no coges el teléfono? no entienden tu reto personal de hoy. Ya nadie se imagina vivir sin smartphone.
Lo siguiente del ansiado viernes es la amada siesta, pero luego tienes planes así que quieres poner tu alarma…¡vaya! tendrás que buscar un despertador antiguo, ¿sigues teniendo?

Ya son las 18h (menos mal que sigues teniendo reloj de pulsera) Has quedado con tus amigos de siempre, no puedes llamar o usar whatsapp para confirmar ni saber si ha habido cambios, así que confías en que estén en el bar de siempre.
Vas por la calle con la sensación de bolsillo vacío, te falta algo, y ¡mirando al frente! no te has dado cuenta hasta hoy de todo lo que ha cambiado el barrio! Han abierto una tienda nueva, saludas a esa persona que hacía tiempo no veías (porque no te habías fijado) y te das cuenta de que todo el mundo va con el cuello doblado mirando al suelo, ¡ah no, que son sus móviles!

24 horas sin smartphone

Has tenido suerte, llegas y allí están. Uno de los muchos temas de conversación es que hoy es el cumpleaños de un amigo en común (claro, Facebook no ha podido recordártelo) así que piensas en llamarlo cuando llegues a casa y tengas tu teléfono fijo, pero ya no recuerdas ningún teléfono. Llevas años sin hacer el esfuerzo de recordar teléfonos porque ya los guardaba el smartphone por ti. ¿Sufres #Amnesiadigital ?

Vuelves a casa, antes de salir a cenar quieres salir a hacer running. Sabes que tendrás que ir sin tu app que mide tiempos, kilómetros y escuchando música. Bueno, oír el sonido de los pájaros tampoco está tan mal, y guiarte por el ejercicio que te pide el cuerpo es soportable.

Terminas agotado, ducha y a cenar. Tendrás que llegar al restaurante sin el gps del smartphone, ¿por qué tirarías el callejero? y esperas que alguien haya reservado (evidentemente tu no tienes el número del lugar, ni la app que utilizas siempre).

Consigues llegar, saludas, empezáis a cenar y te das cuenta de que todos tus amigos están más pendientes de sus smartphones que de la noche en que os habéis conseguido juntar desde hacía tiempo.”¿Sabéis lo que es Phubbing?” les preguntas.

Conclusiones que saco: el smartphone y las apps nos han facilitado la vida infinitamente, pero ¿nos han hecho más vagos, más lentos y están adormilando a nuestro cerebro? Quizás deberíamos aprovechar vacaciones o sacar momentos para apagarlos y recuperar todo lo bonito que estamos olvidando.

¡Gracias por llegar hasta aquí leyéndonos! 😉 y si lo estás haciendo desde tu smartphone… ¡apágalo, que es viernes!

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